Si eres fotógrafo y utilizas Instagram para mostrar tu trabajo, seguramente te habrás preguntado alguna vez qué hashtags deberías poner debajo de una fotografía.
Y probablemente también hayas leído de todo: que hay que utilizar treinta hashtags, que cuantos más seguidores tenga un hashtag mejor, que hay que poner siempre los mismos, que existen hashtags que hacen que Instagram muestre automáticamente tus fotografías a más gente...
La realidad es bastante más sencilla.
Los hashtags siguen siendo útiles, pero no son una fórmula mágica para conseguir seguidores. Su verdadero valor está en ayudar a Instagram a comprender de qué trata una publicación y, sobre todo, en facilitar que tu fotografía llegue a personas que realmente están interesadas en ese tipo de imágenes.
Para un fotógrafo, esto es especialmente importante.
No se trata de conseguir que una fotografía sea vista por 100.000 personas al azar. Es mucho más interesante que la vean 2.000 personas aficionadas a la fotografía, interesadas en fotografía urbana, arquitectura, blanco y negro, paisaje o el género que tú practiques. Porque de esas 2.000 personas pueden salir futuros seguidores.
Uno de los errores más habituales es utilizar hashtags enormes como:
#photography #photooftheday #instagood #picoftheday #photo #photographer
Parece lógico pensar que, si tienen millones de publicaciones, nuestra fotografía tendrá más posibilidades de ser descubierta.
Pero ocurre justamente lo contrario.
En un hashtag gigantesco nuestra fotografía puede desaparecer entre miles de publicaciones prácticamente en cuestión de segundos.
Además, un hashtag demasiado genérico no aporta demasiada información sobre nuestra fotografía.
Si publicamos una fotografía nocturna de una calle de Valencia, por ejemplo, no tiene demasiado sentido limitarse a utilizar #photography.
Es mucho más interesante utilizar hashtags que describan realmente la imagen, el lugar y nuestro tipo de fotografía.
Por ejemplo:
#streetphotography #nightphotography #valenciagram #valenciaphotography #urbanphotography
Ahora Instagram tiene mucha más información sobre nuestra publicación. Una buena manera de entender los hashtags es imaginar una biblioteca. Si entregamos una fotografía al bibliotecario y simplemente le decimos:
“Es una fotografía.”
No le estamos dando demasiada información.
Pero si le decimos:
“Fotografía urbana, realizada de noche, en Valencia, con arquitectura contemporánea y tratamiento en blanco y negro.”
La cosa cambia. Los hashtags deberían funcionar de una manera parecida. Cada uno debería aportar una pequeña pieza de información. Por eso es mucho más interesante combinar diferentes tipos de hashtags. Una estrategia bastante más eficaz consiste en crear una combinación de hashtags con diferentes niveles de popularidad. Por ejemplo, imaginemos que hemos realizado una fotografía de arquitectura en Valencia.
Podríamos utilizar:
Hashtags generales
#photography
#architecturephotography
#urbanphotography
Hashtags específicos
#architecturalphotography
#cityphotography
#streetarchitecture
Hashtags geográficos
#valencia
#valenciagram
#valenciaphotography
Hashtags relacionados con nuestro estilo
#minimalphotography
#bnwphotography
#blackandwhitephotography
La idea no es utilizar todos los hashtags posibles. La idea es construir una combinación que describa exactamente lo que estamos mostrando.
Para un fotógrafo, los hashtags relacionados con lugares pueden ser una herramienta fantástica. Si fotografías habitualmente en Valencia, por ejemplo, no deberías limitarte a utilizar hashtags internacionales.
Hashtags como:
#valencia #valenciagram #visitvalencia #valenciaphotography #igersvalencia
pueden ayudarte a entrar en contacto con una comunidad mucho más concreta.
Y esto tiene una ventaja enorme. Una persona que busca fotografías de Valencia probablemente tenga mucho más interés en seguir a un fotógrafo que trabaja habitualmente en esa ciudad que alguien que simplemente ha utilizado el hashtag #photography. Por eso, si fotografías una ciudad, un barrio, un edificio, un espacio natural o un lugar especialmente reconocible, utiliza esa información.
Una buena estrategia consiste en preparar varios grupos de hashtags que puedas adaptar a cada publicación.
Por ejemplo, un fotógrafo podría tener un grupo para:
Fotografía urbana
#streetphotography
#urbanphotography
#cityphotography
#streetphoto
#urbanphotographer
Otro para:
Arquitectura
#architecturephotography
#architecturalphotography
#architecturelovers
#architecturephoto
#urbanarchitecture
Y otro para:
Blanco y negro
#blackandwhitephotography
#bnwphotography
#bnwphoto
#monochromephotography
#blackandwhitephoto
Después solo hay que combinar aquellos que realmente tengan relación con la fotografía publicada. Esto resulta mucho más práctico que empezar desde cero cada vez. Copiar y pegar el mismo bloque de hashtags en todas las publicaciones tampoco es una buena estrategia.
Si hoy publicamos una fotografía de arquitectura, mañana una fotografía de calle y pasado mañana un retrato, no tiene mucho sentido que las tres publicaciones lleven exactamente las mismas etiquetas. Los hashtags deberían cambiar con la fotografía. Esto también nos obliga a pensar un poco más en qué estamos publicando y a quién queremos llegar. Y esa reflexión, curiosamente, puede ser mucho más importante que los propios hashtags.
Este es un pequeño truco que puede parecer una tontería, pero funciona muy bien.
Antes de publicar una fotografía, pregúntate:
¿Qué palabras utilizaría alguien para encontrar una fotografía como esta?
No pienses:
“Quiero conseguir seguidores.”
Piensa:
“¿Quién estaría interesado en esta fotografía?”
Si es una fotografía nocturna:
#nightphotography
Si es una fotografía urbana:
#streetphotography
Si es arquitectura:
#architecturephotography
Si es una fotografía realizada en Valencia:
#valenciaphotography
Si es blanco y negro:
#blackandwhitephotography
La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la estrategia.Y aquí está probablemente la parte más importante. Los hashtags pueden ayudar a que una fotografía sea descubierta. Pero no pueden conseguir que una persona quiera seguirte si, después de entrar en tu perfil, no encuentra algo que le interese. Por eso, si queremos crecer como fotógrafos en Instagram, deberíamos pensar en tres pasos:
1. Conseguir que descubran nuestra fotografía.
Aquí pueden ayudar los hashtags, las ubicaciones, las colaboraciones y el propio algoritmo de Instagram.
2. Conseguir que se detengan a mirar.
Aquí entra en juego la fotografía.
La composición, la luz, el momento, el color, el tratamiento...
3. Conseguir que quieran ver más.
Aquí entra nuestro perfil. Si alguien descubre una fotografía magnífica y entra en nuestro perfil, debería encontrar rápidamente una colección de imágenes que tengan algo en común. No necesariamente fotografías idénticas, pero sí una personalidad reconocible.
No existe un número mágico que garantice mejores resultados.
Más importante que llenar una publicación de etiquetas es utilizar hashtags relevantes y relacionados directamente con la imagen. Personalmente, recomendaría trabajar con una selección relativamente contenida y de calidad antes que utilizar una enorme lista de hashtags que apenas tengan relación con la fotografía. Es preferible utilizar diez hashtags muy bien escogidos que treinta puestos simplemente porque sí.
Además, Instagram cambia continuamente la forma en que recomienda y clasifica el contenido, por lo que conviene observar los resultados y adaptar la estrategia.
Los hashtags no son la única información que Instagram utiliza para comprender una publicación. El texto que acompaña a la fotografía también puede ayudar.
Por ejemplo, en lugar de publicar simplemente:
“Valencia de noche.”
Podemos escribir algo como:
“Una noche de verano paseando por el centro de Valencia. Me interesaba especialmente el contraste entre la geometría del edificio y las personas que cruzaban la escena.”
Y después añadir los hashtags relacionados. De esta manera estamos proporcionando mucho más contexto. Y, además, estamos haciendo algo todavía más importante: estamos contando una pequeña historia.
Utilizar hashtags populares pero completamente ajenos a nuestra fotografía puede parecer tentador.
Pero es una estrategia bastante pobre.
Si hacemos fotografía urbana y utilizamos hashtags relacionados con viajes, comida, moda, coches o cualquier otro tema simplemente porque tienen millones de publicaciones, probablemente estaremos llegando a personas que no tienen ningún interés especial en nuestro trabajo.
Y eso no es crecer.
Crecer no significa solamente aumentar el número de seguidores.
Significa conseguir seguidores que quieran seguir viendo nuestras fotografías.
Si realmente quieres conseguir proyección como fotógrafo en Instagram, no pondría toda la estrategia en los hashtags.
Los hashtags pueden ayudarte a ser descubierto, pero el crecimiento suele venir de una combinación de factores: Buenas fotografías + publicación constante + interacción + personalidad + comunidad + contenido relevante.
Comentar de forma sincera el trabajo de otros fotógrafos, participar en comunidades, utilizar ubicaciones, responder a los comentarios, publicar Reels cuando tenga sentido y mantener un perfil coherente puede tener tanto o más valor que encontrar el hashtag perfecto. Porque al final Instagram no es solamente un escaparate. Es una comunidad. Y los fotógrafos que consiguen crecer de verdad no son necesariamente los que utilizan los hashtags más populares, sino los que consiguen que alguien descubra una fotografía y piense:
“Esta cuenta me interesa. Quiero ver qué hace este fotógrafo.”
Ese debería ser nuestro objetivo.No busques el hashtag perfecto. Busca tu público.
Cuando tengas claro qué tipo de fotografía haces, dónde la haces, qué estilo tienes y qué personas pueden estar interesadas en ella, los hashtags se convierten en una herramienta mucho más sencilla. Y entonces dejan de ser una especie de lotería. Se convierten en lo que realmente son: una forma de ponerle nombre a tu fotografía para que las personas adecuadas puedan encontrarla.
Algunos de los mejores momentos de nuestra vida cotidiana ocurren en movimiento: el baile de una boda, la primera vez que un niño resbala por un columpio, y congelar un momento exacto y único que además consiga provocar una emoción, no solo se consigue sabiendo cómo ajustar bien los parámetros de tu cámara réflex (aunque también deberás saber cómo ajustarlos). Cuando el objeto fotografiado se encuentra en un movimiento y lo queremos congelar dentro de nuestra captura tendremos que utilizar una velocidad de obturación muy rápida, normalmente siempre superior a 1/500. Eso sí, deberás tener en cuenta que una velocidad de obturación rápida reduce mucho el tiempo de exposición y limita la cantidad de luz que entra, por lo que las imágenes tenderán a oscurecerse.
Esto puede no ser un problema si haces fotos un día soleado al aire libre, te afectará más en interiores o días nublados. En cualquier caso, es importante que contrarrestes esa posible subexposición aumentando la apertura, modificando la ISO o utilizando el flash.
Puedes utilizar el modo manual para configurar tus parámetros, pero recuerda que también puedes optar por utilizar el modo semiautomático que da prioridad a la velocidad de obturación.
Este modo es el más utilizado para realizar fotografías en movimiento, pero será diferente según la cámara que utilices. Por ejemplo, en las cámaras Canon es el Modo 'Tv' y, sin embargo, en las Nikon y Sony se trata del Modo 'S'. Este modo, en cualquier caso, te permitirá centrarte en configurar la velocidad de obturación adecuada al movimiento que vas a fotografiar pudiendo desentenderte del resto de parámetros, puesto que la propia cámara los calculará automáticamente. Lo que es realmente difícil es saber con exactitud qué velocidad de obturación es la más adecuada para cada situación, ya que esta dependerá de la velocidad a la que se mueva el sujeto fotografiado. No es lo mismo intentar congelar a una persona corriendo que a un coche de Fórmula 1 pasando a toda velocidad. Por eso deberás aumentarla o reducirla e ir probando hasta encontrar la velocidad que más se ajuste al movimiento que buscas congelar en cada momento. Fíjate en los parámetros de estas dos fotografías y verás cómo cambia considerablemente el tiempo de exposición utilizado para congelar el movimiento:
La ventaja de trabajar con aperturas amplias (números f bajos) es que entrará mucha más luz dejándonos aumentar también la velocidad del obturador. Eso seguro que ya te lo imaginabas.
Sin embargo, lo que debes tener en cuenta es que con la apertura del diafragma se determinará también la profundidad de campo que tendrá la toma (junto con la distancia focal que utilices y la distancia con respecto al objeto enfocado).
Como te he comentado antes, además del Modo Manual, también puedes contar con este otro modo semiautomático: el Modo de disparo con Prioridad a la Apertura. Normalmente, vendrá señalado por una 'A' en los diales de tu cámara, como es el caso de Nikon o Sony, aunque en las Canon viene señalado con las letras 'Av'.
El problema es que aumentando la apertura del diafragma también reducimos mucho el área enfocada disponible dentro de nuestro encuadre y es probable que nuestras fotografías no salgan del todo nítidas. Así que, en función de la zona que quieras que salga enfocada dentro de la fotografía deberás optar por una apertura de diafragma más o menos amplia.
Para solucionar esto podemos hacer dos cosas. Una de ellas es enfocar en modo AF-C (servo continuo), sobre el que te contaré más cosas luego, para que el elemento que queremos enfocar aparezca siempre del todo nítido. Sin embargo, no todas las cámaras poseen esta opción de enfoque. En ese caso, la otra opción será reducir un poco la apertura (aumentar el número f ) hasta encontrar la área de nitidez que tu captura necesite.
Como ya sabes, la sensibilidad ISO es uno de los parámetros que nos ayuda a conseguir una correcta exposición en nuestra captura. Nos permite variar la sensibilidad del sensor de la cámara réflex para que pueda captar mayor o menor cantidad de luz. Aumentando la sensibilidad ISO también podrás incrementar la velocidad de obturación sin necesidad de aumentar demasiado la apertura de tu diafragma, evitando así la probabilidad de que salgan zonas menos nítidas o desenfocadas. Sin embargo, utilizar una ISO demasiado alta también implica el aumento del ruido digital en nuestra fotografía. Por lo tanto, es mejor que tengas seleccionado siempre el valor mínimo y solo lo aumentes si las condiciones de luz lo requieren o si tienes que compensar necesariamente los valores de tiempo de exposición y apertura.
Otra buena opción que tenemos para congelar el movimiento es usar el flash. Preferiblemente es mejor utilizar un flash externo, porque podremos sincronizarlo fácilmente con nuestra cámara y nos ayudará a congelar ese movimiento, independientemente de la velocidad de obturación que utilicemos. La clave está en ajustar la sincronización del flash al máximo, generalmente en 1/250 (aunque si tienes un flash HSS/alta sincronización podrás aumentar más la velocidad). De esta forma podremos lanzar el destello inmediatamente después de presionar el botón del obturador. Si quieres congelar el movimiento, pero no dispones de flash externo y las condiciones de luz son muy bajas, te aconsejo que las realices con un objetivo luminoso. La luminosidad de un objetivo mide la cantidad de luz que éste es capaz de dejar pasar. Y esto dependerá, obviamente, de la apertura de diafragma. Por lo tanto, un objetivo luminoso siempre te permitirá mayor apertura del diafragma y, por ende, mayor velocidad de disparo. Como ya te comentábamos en este artículo, estos objetivos suelen ofrecer una apertura máxima superior o igual a f/2, es decir, f/2, f/1.8, f/1.4, f/1...
A la hora de realizar tus fotografías, además de usar el modo manual o los semiautomáticos que te he comentado antes, no olvides dos cosas más: disparar en modo ráfaga y en formato RAW. De esta manera, cuando vayamos a revelar las fotos podremos elegir cual de todas nos gusta más y, al estar en formato RAW, podremos editarlas mucho mejor en el postprocesado.
Lo habitual cuando se utiliza el modo ráfaga, es configurar el Modo AI Servo si tienes una Canon (AF-C en Nikon) ya que vamos a realizar varios disparos con el fin de obtener distintas fotografías de nuestro sujeto bien nítido. Utiliza el servo continuo siempre que puedas para mantener enfocado al sujeto mientras mantengas pulsado el botón de enfoque. Cuando utilices este modo, debes tener en cuenta que ya no habrá confirmación de enfoque por parte de la cámara, es decir, que no sonará el pitido (en caso de tenerlo activado) ni se quedará fija la luz de enfoque. En la siguiente fotografía, podemos ver una captura realizada con éxito con este tipo de enfoque:
Y en último lugar, y no por ello menos importante, te voy a hablar sobre la composición de tus fotografías en movimiento. Es cierto que puedes congelar un coche a 200 kilómetros por hora o las aspas de un ventilador encendido, pero ¿se verían tan diferentes si los fotografiaras sin movimiento? Seguramente no habría mucha diferencia, aunque la técnica estuviera bien ejecutada.
Por eso, la elección del tema que vayas a fotografiar y el momento exacto que realices la captura son la clave para conseguir un buen resultado, algo que transmita algo al espectador. El vuelo de un pájaro, una botella estrellándose contra el suelo o un globo explotando, son ejemplos de momentos únicos que transmiten esa fugacidad que buscas congelar. Por este motivo, es una técnica que se suele utilizar mucho en fotografía de deportes, vida salvaje o cualquier actividad que implique acción.
En cuanto al encuadre, debes tener muy en cuenta el movimiento que va a realizar el sujeto u objeto fotografiado, por lo que obsérvalo primero y predice cuál será su trayectoria antes de disparar tus fotografías. No te olvides de respetar (si quieres) la regla del movimiento, que es muy parecida a la de la mirada, ya que consiste en dejar espacio (o aire) en la zona hacia donde se moverá el objeto fotografiado. Como veis, en la fotografía de abajo, se ha captado una serpiente en posición de ataque y se ha deja espacio a la derecha, que es hacia donde prevé el fotógrafo que se moverá. Sin embargo, sigue respetando la regla de los tercios, ya que el animal se encuentra dentro de los puntos de interés de la composición.
Recuerda que también puedes jugar con el movimiento variando la velocidad de obturación y el movimiento de tu cámara para obtener sujetos congelados y fondos en movimiento a través de la técnica del barrido. Y que también puedes utilizar velocidades de obturación muy bajas (tiempos de exposición altos) para captar estelas de movimiento y dejar los fondos congelados. Todo es cuestión de ir probando...